Gabriel Niezen Unidad Vecinal

Sobre Mi

Me he preguntado por qué escribo. Escribo por una suerte de necesidad, de impulso vital. Cuando alguna vez un joven escritor, un alumno después de una presentación de libros o un padre de familia entusiasta con las primeras historias de su hijo me pidieron sugerencias para contar historias, les dije que antes de escribir es necesario aprender a leer. Es que es verdad. Necesitamos leer mucho si deseamos que la escritura se convierta en un oficio.

El que lee sólo para entretenerse puede llegar a ser un lector enterado, culto, o hasta un crítico estupendo, pero no un escritor. Leer para aprender a escribir requiere más, mucho más, porque lo que se requiere es desmontar todo el artificio del que se vale el escritor para construir sus historias: argumento, nudo, atmósfera, personajes, descripciones, diálogos, inicios, planos medios, finales.

Escribir requiere lo mismo, pero al revés: montar el escenario, desarrollar la historia, crear a pulso a los personajes, darles nervio, personalidad, hacer que vivan. Y si es para siempre, mejor. La acción es importante, pero a los personajes debemos dotarlos de una atmósfera, darles vida, que sean ellos mismos lo que desean ser. A veces es un acto tan fidedigno que ellos se me aparecen en sueños para contarme lo que sigue de la historia.

Es necesario señalar que uno no aprende solo a escribir. Yo lo aprendí de dos tíos paternos, Enrique y Carlos. Mi amor por los libros, por coleccionarlos, por cuidarlos, también lo aprendí de ellos. Compraban libros en una librería de viejo de la avenida Sáenz Peña, en el Callao. Después aprendí a buscar libros siguiendo la ruta que me dieron.

Pero mi agradecimiento se extiende a dos escritores que tuvieron la paciencia de leer mis textos y animarme a seguir. Mario Florián, mi maestro universitario y luego un gran amigo, me enseñó a mirar las entrañas del Perú. Manuel Scorza, a quien conocí en La Habana , Cuba, cuando llegué en 1980 como periodista para cubrir las noticias sobre la embajada peruana tomada por más de 10 mil disidentes, resultó determinante.

Scorza leyó la primera versión de mi novela, “Toda una vida”, y me animó a consagrarme a la Literatura. “Deja todo, y dedícate a escribir”, me dijo. No podía dejar todo. En realidad no podía dejar nada. Mi familia, la docencia, el periodismo reclamaban su parte. Todavía trabajé quince años más en los periódicos y en la docencia universitaria antes de publicar mi primera novela. Mis hijos, que en ese tiempo eran niños, crecieron. Cada cual tomó su camino. Bien dicen que los hijos son prestados. Dejé también dos universidades en las que enseñaba para consagrarme a esta tarea. Retengo hoy en la docencia lo elemental para vivir y para dedicarme, como lo hago ahora, por entero a la tarea de escribir.

Le recuerdo también, a mi amable lector, que para escribir historias hay que escucharlas o, lo que es peor, vivirlas. Vivir para contarlas, esa es la clave, la palabra mágica para quien pretenda soltar a sus demonios. Nací en Lima, Perú, el 18 de marzo de 1946. Mis padres son Luis Niezen Gil y Yolanda Matos García. Tengo tres hermanos: Hermelinda, Luis- que nos dejó temprano, a los veinticuatro años- y Carlos. Estudié primaria en el Colegio Fiscal “José Martí”. La secundaria en la Gran Unidad Escolar “Hipólito Unanue”.Mi vocación de escritor se inició temprano. A los doce años escribí mi primera novela, “Diez segundos en el infierno”. Contaba la vida de un soldado, luego que una granada cae en su trinchera. En esos diez segundos, todo lo vivido apareció como una retrospectiva violenta en su memoria. No estuvo nada mal para los doce años, pero por fortuna el ejemplar único, manuscrito, asegurado con apuradas grapas, se perdió para siempre. Estudié Educación en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Me gradué como profesor de Lengua y Literatura en 1968, con la primera promoción. Cuatro años después me doctoré en Ciencias de la Educación en la Universidad Enrique Guzmán y Valle, “La Cantuta”. Estudié después, Comunicación Social en la Universidad del Altiplano.

Apenas empecé a enseñar en la Universidad, me llamó el periodismo a cumplir una tarea. Fue un trabajo apasionante y absorbente al que dediqué todas mis fuerzas y entusiasmo. Pero postergué mi tarea literaria. Decidí abandonarlo, y esa es otra historia, para abocarme a la docencia y la investigación social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cumplida mi tarea, también la dejé para dedicarme, por fin, a escribir.

Mi primera novela apareció recién en 1993. Cuando la terminé, tenía alrededor de 500 páginas, pero por razones de presupuesto decidí publicarla como una saga de tres libros. En Perú no es fácil hallar editor, pero Rubicán, de mi amiga Eleana Arzubiaga, arriesgó un presupuesto compartido y la lanzamos al público. “Toda una Vida”, “Un siglo de ausencia” y “Yo quiero luz de Luna”, el tríptico inicial, recibieron muy buenos comentarios de la crítica especializada, pero sobre todo de los lectores, que son los que realmente me interesan. Escribo para mis lectores, no para mí ni pensando en los críticos. Procuro estar fuera de mis novelas como personaje, aunque mis neuronas corran como potrillos desbocados al interior de las historias.

Llevé mi tercera novela, “Yo quiero luz de luna”, a la editorial Alfaguara. Me la devolvieron con una linda nota. Decían que les resultaba pintoresca, los personajes consolidados y que tenía buen ritmo. Cuando pregunté por qué no me la publicaban me dijeron que era la tercera de tres y que Alfaguara no había publicado las anteriores.

En mis visitas a Alfaguara, conocí a la editora Alessandra Canessa y le mostré la carta que me entregó su empresa. Me dijo que era una buena referencia y que cuando escribiera otra novela, la llevara. Le dije que tenía otra. La estaba corrigiendo, Era “La fuga de San Pedro”, novela histórica que narra las vicisitudes de un recaudador de impuestos de la corona española, en 1635. Me pidió que la dejara y un mes después me dio una buena noticia. Alfaguara la publicaría. A partir de esa novela mi historia personal como escritor es otra.

Han venido después dos novelas más. “El síndrome de los señores que volaban”, que narra la de un modo personal la alucinante, desbordante, casi de fantasía corrupción en la política. No tiene personajes caracterizados, ni lugar en que se desarrolle, pese a que existe en ella un Palacio de Gobierno. Lo curioso es que amigos de Chile, Bolivia, Argentina, Ecuador, Panamá, España me han dicho casi al unísono, “qué bien enterado estás de los problemas de nuestro país”.

La otra novela es “Después que tú partiste”. Mis hijos juran que describe algunas circunstancias que vivimos como familia. Yo les digo que han heredado mis fantasías de escritor. Aunque tuve que escribirlas porque mi hija mayor, Cathy, amenazaba con soltar sus neuronas en un relato con en el que no me sentí muy cómodo.

Finalmente, llega mi séptima novela: “El hombre que escapó de su jaula”. Está inspirada en la vida del hijo menor de una familia amiga. Él terminó siendo uno de mis mejores amigos. Por azar del destino, por golpe del no sé qué, decidí realizarle una entrevista periodística de seis horas. Murió unos meses después durante una operación sencilla realizada con mala mano. La entrevista me sirvió como base para elaborar un intenso libro..

Esta es mi pequeña historia. Me niego a hablar de mis relatos porque es mejor que ellos hablen por mí. Debo confesarles que escribir no es la parte más difícil para quien escribe novelas. Corregirlas es dramático. A veces me toma dos años corregir una, cuando la novela me tomó uno. Recuérdelo, lector.

Si desean comunicarse conmigo, pueden escribirme a esta dirección electrónica: gabrielniezen@gmail.com.

Responderé con gusto lo que deseen saber y podremos intercambiar notas, conceptos, opiniones. Espero, alguna vez, poder enseñar lo que he aprendido a jóvenes escritores y facilitarles la tarea, porque mi aprendizaje sí que fue duro y, mi búsqueda, personal. Pero creo haber llegado a buen puerto. De aquí para adelante vendrán otros escenarios. Los dejo aquí, con una parcela pequeña de mi jardín de letras: las carátulas de mis siete novelas y parte de los primeros capítulos. Ya vienen otras.